De ministro a candidato

Publicado por MAS Consulting Sin comentarios

Artículo de Beatriz Amigot para Expansión, con la colaboración de Santos Ortega.

Esta maniobra no es nueva para el presidente del Gobierno. La primera vez, con José Montilla, que tras su paso por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo durante dos años, fue elegido como candidato socialista para Cataluña y logró la presidencia de la Generalitat.

El segundo intento de Zapatero, sin embargo, no obtuvo tan buen desenlace. Juan Fernando López Aguilar ocupaba la cartera de Justicia (2004-2007) cuando le enviaron a conquistar Canarias. Pero, aunque fue el más votado, un pacto entre Coalición Canaria y el PP le dejó fuera de la presidencia.

Habrá que ver qué suerte corre Jiménez, aunque las expectativas no son altas. “Las encuestas internas del PSOE dan que tanto Jiménez como Tomás Gómez [actual secretario general del PSM] perderían frente a Esperanza Aguirre, pero en el caso de la ministra los resultados serían mejores”, apuntan fuentes cercanas a Moncloa. Además, una derrota digna podría desembocar en futuros pactos de Gobierno con IU, partido al que los sondeos otorgan un fuerte crecimiento.

José Montilla, Juan Fernando López Aguilar y Trinidad Jiménez
Casos anteriores

El PP también empleó el Gobierno como escaparate político. Precisamente, Esperanza Aguirre, que previsiblemente se enfrentará a Jiménez en las elecciones de Madrid, dio este salto. fue ministra de Educación, Cultura y Deportes (1996-1999), presidenta del Senado (1999-2002) y posteriormente en 2003 presidenta de la Comunidad de Madrid.
Aznar también eligió para la plaza catalana un político de primera línea y puso como presidente del Partido Popular de Cataluña a Josep Piqué. Éste había gestionado hasta tres carteras ministeriales (Industria en 1996, Asuntos Exteriores en 2000 y Ciencia y Tecnología en 2002). Sin embargo, el haber sido el ministro comodín de Aznar no fue garantía de éxito en las elecciones catalanas.

Otros tres ministros populares probaron suerte a nivel regional: Jaime Mayor Oreja, Jaume Matas y Javier Arenas. Aunque en estos casos el viaje autonómico era de vuelta, porque antes que ministros ya habían sido candidatos al País Vasco, Baleares y Andalucía, respectivamente.

Como se aprecia, la plataforma ministerial como generadora de líderes políticos ha sido explotada de forma recurrente y, además, es una práctica que no se circunscribe a los últimos gobiernos. Ya en la época de Felipe González es emblemático el caso de Manuel Chaves que, tras ser ministro de Trabajo (1986-1990), fue presidente de la Junta de Andalucía durante 19 años. Y, más allá, se podría incluir en la lista a Manuel Fraga que ocupó cartera de ministro primero con Franco y luego con Carlos Arias Navarro y unos cuantos años después presidió la Xunta de Galicia (1990-2005).

Mayor Oreja, Arenas, Matas, Piqué y Aguirre
Las claves de esta maniobra

1-¿Estrategia premeditada? Dado el poco tiempo que Jiménez lleva al frente de Sanidad, muchos han pensado que su candidatura para Madrid ya estaba pensada de antemano y su paso por el Gobierno ha sido una manera de darla a conocer y aumentar su tirón electoral. Sin embargo, los expertos descartan esta teoría.

Carlos Ruiz Mateos, asesor en asuntos públicos y comunicación política y autor del blog Escuela de Comunicación Política, considera que estos movimientos no son planeados con antelación, sino que son fruto del devenir de la gestión política de cada Gobierno. «Ahora bien, no suele haber improvisación en este tipo de decisiones, aunque sí inmediatez en la toma. De hecho, me consta que Ferraz lleva meses haciendo sondeos semanales con posibles candidatos socialistas frente a Aguirre (el PP también)», explica Ruiz Mateos. Por eso, «si Zapatero ha escogido a Trinidad Jiménez es porque tiene posibilidades», concluye.

2- La popularidad. «Haber formado parte del Gobierno puede beneficiar en una campaña electoral si el candidato se ha forjado una buena imagen y tiene presencia mediática, como ocurre con Jiménez», explica Luis Arroyo, presidente de Asesores de Comunicación Pública.

Ruiz Mateos también defiende que este aspecto puede jugar a favor de la ministra. «A Jiménez la conocen el 53,2% de los españoles, según el CIS. Puede no parecer mucho pero a De la Vega, que es la vicepresidenta primera y portavoz del Gobierno, la conoce sólo el 82% de los ciudadanos. Y esos datos, el día de las elecciones, son básicos pues muchísima gente indecisa vota por recuerdo, al candidato conocido», explica este experto.

Sin embargo, el hecho de formar parte del Ejecutivo no siempre da esta ventaja. «El efecto es muy distinto si el ministro en cuestión tiene un perfil más bajo como puede ser el caso de Elena Espinosa o Beatriz Corredor (ésta llegó a barajarse también para la candidatura madrileña)», añade Arroyo.

3- La reputación. «Un ministro puede haber hecho una buena o mala gestión y eso es lo que puede determinar sus posibilidades electorales en una comunidad. Se puede tener la ventaja de tener un índice de conocimiento alto del candidato ex ministro entre los votantes, pero que a la vez que la percepción de ese candidato o de su gestión sea negativa», explica Santos Ortega, director de Asuntos Públicos de MAS Consulting España.

En este caso, «sería necesario un trabajo de reposicionamiento. Es decir, de redefinición de los atributos del candidato en la mente de los electores. Esto le ocurrió a Esperanza Aguirre, que se la conocía de su etapa como ministra y había sido muy criticada, sobre todo, por el programa de televisión Caiga Quien Caiga», comenta este consultor político.

En el caso de Trinidad Jiménez los expertos mantienen que su reputación es uno de sus principales ganchos. Coinciden en que La manera de llevar la crisis sanitaria de la gripe A ha puesto a la opinión pública de su parte y ha transmitido una imagen de gestora competente. Además, Jiménez no cuenta con enemigos conocidos y es bastante apreciada por los españoles (el último CIS mostraba que era el quinto ministro mejor valorado).

4-El rival. Pero un candidato no es bueno o malo per se, sino en función de su adversario y, en este punto, la candidatura de la ministra pierde atractivo. «No se debe analizar sólo el hecho de presentar a ministros como candidatos autonómicos. Hay que hacer un análisis individualizado de cada candidato, estudiar sus fortalezas y debilidades, y medirlas frente a las del rival, si es posible», explica Ortega.

En este caso, «Jiménez tiene en Aguirre una adversaria digna de un combate de alto nivel, con una gran aceptación social en la comunidad aunque también con sus detractores», asegura Ruiz Mateos. De hecho, las encuestas, de momento, se decantan por Aguirre.

Precisamente, la fortaleza de la presidenta de la Comunidad de Madrid y la importancia de este feudo político han hecho que el PSOE se decante por una candidata de «mucho peso», tal y como la definía ayer el vicepresidente tercero, Manuel Chaves, para contrarrestarla.

5- Cambio de fichas. Tomás Gómez ha sido el secretario general del PSM durante los últimos tres años y justo ahora que se acercan las elecciones parece quedar al margen. Este quiebro puede descolocar a las bases del partido, pero puede no tener consecuencias negativas en el saldo electoral. Cuando el PSOE presentó a Trinidad Jiménez como candidata a la alcaldía de Madrid en 2003 los sondeos le daban ganadora frente a José María Álvarez del Manzano, pero Aznar colocó a Alberto Ruiz Gallardón como candidato y la situación se dio la vuelta.
¿Es acertada la elección de Trinidad Jiménez?

Puntos a favor

  • Cuenta con una buena reputación e imagen pública y es conocida por el electorado (53,2% de los españoles sabe quién es, según el CIS).
  • Los expertos subrayan que Madrid, por su relevancia política y administrativa, requiere un candidato nacional y Jiménez cuenta con esa baza tras su paso por el ministerio.
  • Se presenta como una alternativa novedosa frente a Aguirre, que lleva ya dos legislaturas y puede adolecer de cierto desgaste.

En contra

  • La marca del PSOE madrileño está muy castigada por las luchas internas y este cambio de candidato podría desembocar en nuevos conflictos. Jiménez tendrá que esforzarse para que su imagen pese más que la del partido.
  • Otro problema es el difícil encaje que tiene en Madrid la política de Zapatero hacia Cataluña, sumado a la crisis económica y el desempleo que sufre España.
  • Jiménez ya perdió en Madrid cuando en 2003 se presentó a la alcaldía de la capital. Aunque no es un gran condicionante porque entonces era prácticamente desconocida para la opinión pública, esa derrota está en el recuerdo de los madrileños.
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