obama-gray-hairAyer se celebraba el aniversario de una victoria electoral improbable: la victoria del primer candidato negro a la presidencia de los EEUU. El hombre que más expectativas ha cosechado en el siglo XXI. Sobre sus hombros recaía el peso de una crisis que empezaba a pudrir la economía mundial, la responsabilidad de recuperar la mejor imagen de EEUU para el país y el mundo entero, y la necesidad de encontrar una nueva manera de abordar la diplomacia mundial para superar problemas que amenazaban con enquistarse, como las guerras en Irak y Afganistán, o las relaciones con enemigos íntimos como Irán, Venezuela, China o Rusia.

Un año después de aquel 4 de noviembre son las expectativas las que empiezan a enquistarse. El peor enemigo de Obama doce meses después de la elección, diez meses después del juramento, es la cruz de la moneda con la que ganó la carrera electoral: la desesperanza. Se le echa en cara no haber podido arreglar el mundo en un año.

En septiembre recibió el Premio Nobel de la Paz por unos logros todavía por venir. Se preguntaban en El Mundo si «será Obama el primer premio Nobel que se gana el premio después de conseguirlo» volviendo a meterle prisa al futuro prometido.

Lainformacion.com recoge en este artículo un recuento de las promesas cumplidas, incumplidas y por cumplir.
Quizá subestimó la magnitud de los problemas con los que tenía que lidiar, quizá creyó demasiado en su capacidad para cambiar Washington y convertirlo en una máquina engrasada y a punto para hacer lo correcto en cualquier rincón del planeta.

Mientras tanto, Barack Obama, fiel a sus orígenes, fiel a sus principios, se dirige con motivo del aniversario a Organizing for America: la plasmación del movimiento grassroots que aupó al senador por Illinois a la presidencia. Los voluntarios de Organizing for America son la llama aún viva de la llamada a la acción que comenzó 33 meses atrás en Illinois. Una acción colectiva y solidaria que no ha desaparecido, y que podría convertirse en el legado más importante de Obama. La capacidad para implicar a la ciudadanía sigue funcionando en el presidente, aunque algunos vean síntomas de agotamiento en las derrotas electorales del Partido Demócrata.

Obama está entre la espada y la pareddebatiéndose entre la esperanza y la prisa. Lo que está claro es que la capacidad para fascinar del presidente Obama sigue intacta.

Obama: Un aniversario agridulce

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