Por qué caemos mal

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Ana Martínez, de Expansión, publica hoy un interesante artículo sobre las relaciones sociales.

Por qué caemos mal

Algunas personas no consiguen caer bien a casi nadie. Pero, afortunadamente para muchos, es posible aprender carisma: según los expertos, no se trata de una cuestión de genes sino de habilidades sociales. “Sólo dedico el Mundial a tres personas”. Después de ganar por primera vez el campeonato del Mundo de Fórmula Uno, Fernando Alonso sorprendió con este peculiar agradecimiento que aludía a la falta de ayuda de su equipo. Para muchos, un prepotente. Para otros, un bocazas. Para la mayoría, un triunfador con escasas habilidades sociales. ¿Cómo caer bien? En el lado contrario, Rafa Nadal, que tras ganar un partido aseguró: “Me faltan muchas cosas por mejorar. Para empezar, la volea, y también el saque, que esta vez ha estado regular”.

Hay personas que tienen la extraña habilidad de ganarse el cariño de la gente con sólo estrecharle la mano. Y otras que, por más que lo intentan, no lo consiguen. En ocasiones se trata de un problema genético: el síndrome de Williams, que se produce por la ausencia de un fragmento de uno de los cromosomas 7, ocurre en uno de cada 20.000 nacimientos y, entre otras cosas, provoca que el cerebro actúe de forma “excesivamente sociable, sin identificar el rechazo o la aceptación social”, explica un estudio del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos.

Pero, en la mayor parte de los casos, se trata de un problema de experiencia vital: “Los siete primeros años de vida son básicos. En esta etapa se forma la personalidad y se aprende a manejar la inteligencia emocional”, explica Gerardo Pastor, catedrático de Psicología Social de la Universidad Pontificia de Salamanca. “La primera impresión es importante porque es muy duradera y muy difícil de eliminar. Surge del aspecto físico (gestos, forma de vestir, rasgos de la cara) y de lo que se diga (el cerebro es capaz de percibir el número de palabras por minuto)”.

Pero quienes siempre caen mal a los demás no tienen de qué preocuparse: es posible aprender carisma. El psicoterapeuta Luis Muiño asegura que “el problema es de hábitos de comunicación. Para caer bien, hay que establecer puentes comunes: la gente que cae mal no lo hace. Hay a quien no le importa, pero otras personas tratan de hacer el esfuerzo y no lo consiguen porque aplican estrategias muy rígidas. Por ejemplo, para caer bien es necesario contar siempre un chiste. Pues no. Depende de la persona que tienes delante. Hay que explorar al interlocutor”.

Ser líder es caer bien, explica Múñiz. Es imposible serlo sin tener carisma. “Un líder que ha llegado a serlo es porque ha conectado con mucha gente. Quizá Bush caiga mal en España, pero consigue conectar con su público potencial. Y precisamente eso que hace o dice para llegar a ese público es lo que le aleja de otras personas”.

Las 10 reglas de oro del éxito social

– Cuidar los gestos: sonreír, no tensar los rasgos de la cara (los labios tensos, los dientes apretados y la mandíbula rígida producen rechazo).

– Dejar hablar a los demás y escucharles con interés, tratando de entender cómo se sienten y de qué manera se les puede ayudar. Si no se está de acuerdo en algo, expresarlo con corrección.

– No dar consejos ni decir a nadie lo que tiene que hacer. Eso coloca a la otra persona en una situación de inferioridad que no gusta.

– En las discusiones, evitar los ‘mensajes tú’, en los que se descarga en el interlocutor la responsabilidad o culpa de todo el conflicto. Hay que utilizar la autocrítica.

– Mostrarse tal como se es. No jugar a hacerse el simpático. La empatía es la capacidad de emocionarse con otros, y no es una estrategia ni una técnica comercial.

– Bromear: el buen humor actúa siempre como un imán en las relaciones personales. Pero es importante no abusar de él.

– Cuidar los detalles: acordarse de cosas simples como felicitar a familiares y amigos por su cumpleaños, llamarles por teléfono de vez en cuando o hacer algún regalo.

– Ser tolerante: un modo de hacerse querer es aceptar a cada persona como es, sin prejuicios. Es una cuestión de respeto.

– Dedicar atención y tiempo al aseo y al cuidado personal. La imagen corporal refuerza la seguridad personal y fomenta la aceptación social.

– La gente es buena mientras no se demuestre lo contrario. Una actitud abierta es fundamental en las relaciones personales.

Ser simpático, más importante que el currículum
Conseguir un determinado puesto de trabajo o promocionar en el actual no depende únicamente de méritos profesionales. También de capacidades sociales. El catedrático de Psicología Social Gerardo Pastor es contundente: “Una mala impresión delante de un currículum perfecto te elimina directamente de entre los candidatos”. En una entrevista de trabajo, la clave está en “combinar una fuerte asertividad (seguridad en los propios conocimientos) con la humildad de reconocer la ignorancia en otros asuntos secundarios”.

Según un estudio de Universidad de Columbia, cómo se trabaje o qué conocimientos se tengan no garantizan el éxito. “Tan importante o más es ser agradable y contar con la simpatía de los jefes y compañeros”, señala. Según los expertos, a estas personas se les recomienda con mayor facilidad para promociones o aumentos de sueldo.

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