Ganó la proximidad

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Daniel Ureña publicó en El Periódico de Cataluña  este artículo el sábado 21 de abril.

Ganó la proximidad

No lo tenía nada fácil. Muchos de los entrevistadores le tenían ganas, pero salió más que airoso. Rajoy aprendió de los errores de Rodríguez Zapatero y aprovechó su oportunidad para transmitir la imagen de un político cercano y accesible. Y ganó por las siguientes razones:
Logró más audiencia, más de medio millón de espectadores. Consiguió casi un 35 por ciento de share y más de seis millones de personas lo siguieron, unas cifras absolutamente récord para un programa sobre política.
Fue más ágil y concreto en sus respuestas. De las 42 preguntas que Zapatero respondió, Rajoy atendió a 70, lo que denota que el ritmo fue mucho más ágil y menos aburrido.
Utilizó muchos ejemplos. Las historias, las anécdotas y los ejemplos son la clave para el éxito de todo discurso. Sirven para humanizar al orador y para conectar con la audiencia. Rajoy habló de sus dos hijos de 7 años y de año y medio (de los que dijo que “no hay nada en la vida que queramos tanto”); de su padre (que fue juez y “por eso vivimos en Oviedo”); de sus viajes por Zaragoza, Valencia, Melilla y las cosas que les contaba la gente en cada uno de ellos, etc.
Controló su mensaje. Henry Kissinger solía decir cuando comparecía en rueda de prensa: “¿tienen sus preguntas para mis respuestas?”. Esta frase ilustra que desde el punto de vista de la comunicación política, las entrevistas no sirven para responder preguntas, sino para lanzar los mensajes de los políticos. Toda entrevista es una lucha de agendas por tratar de hablar de los temas que le interesan al entrevistador frente a los del entrevistado, y viceversa. Eso quedó perfectamente claro durante el programa, cuando muchos de los ciudadanos apostaban por temas como Irak, el 11-M o la crispación, mientras que Rajoy trataba de hablar de economía, de recuperar consensos o de De Juana Chaos. Debido a la hostilidad de muchos de los entrevistadores, Rajoy estuvo a la defensiva, aunque demostró gran cintura para esquivar los ataques y centrar sus respuestas.
Interactuó mejor con los ciudadanos. El hecho de estar de pie moviéndose por el escenario, el tratar de usted a cada uno de sus interlocutores, o el detalle de pedir a Lorenzo Milá que uno de los entrevistadores más hostiles siguiera preguntando denotó que el presidente del Partido Popular estaba a gusto. En esta ocasión sí hubo muchas repreguntas, a diferencia del caso de Zapatero, lo que hizo el programa más ameno. Incluso Rajoy piropeó a una señora diciendo que no la veía tan mayor o animó a otra a quedar con él para explicarle las diferencias entre el Estatuto andaluz y el catalán.
Se mostró más calmado y más cómodo. Se vio a un Rajoy calmado, aunque algo tenso ante ciertas preguntas difíciles, pero en general transmitió una sensación de cercanía que incluso hizo reír al público y arrancó al final una ovación en una de sus respuestas, algo difícil de imaginar antes de comenzar el programa.

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