4 profesores de MAS Consulting analizan la intervención de Zapatero

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ABC publica hoy un reportaje en el que cuatro de los profesores del Curso Superior de Dirección de Campañas Electorales de MAS Consulting y la Universidad Pontificia Comillas analizan el programa «Tengo una pregunta para usted»: Jorge Rábago, Luis Salvador, Marcos Magaña y Daniel Ureña.

Rígido, frío e institucional

Blanca Torquemada. No logró bajar a la calle desde su pedestal presidencial, o quizá no quiso hacerlo. Hubo dos registros, el de los ciudadanos y el de José Luis Rodríguez Zapatero, cada uno por su lado y sin apenas interacción. Se echó en falta la viveza de las «repreguntas». El diálogo, en suma. Los especialistas en comunicación y telegenia estuvieron muy atentos a la primera puesta en escena en España de este formato importado, y cuatro de ellos han brindado a ABC sus primeras impresiones, tanto sobre el programa como sobre su protagonista. Todos coinciden en que el jefe del Ejecutivo se había «empollado» exhaustivamente el «temario», pero hay división de opiniones sobre la efectividad de ese esfuerzo de «erudición» en un espacio de estas características.

«Respuestas larguísimas»
Daniel Ureña, director de MAS Consulting en España, explica que a él, a priori, le gustaba mucho este formato «fresco e innovador», pero el resultado no fue el que esperaba: «Me aburrió -confiesa- porque las respuestas fueron larguísimas. Zapatero desaprovechó la oportunidad porque se mostró demasiado institucional, demasiado presidencial. Le costó bajar al nivel de la calle, algo que se consigue con referencias y ejemplos cercanos para la gente. No concretaba, y se quedó en los mensajes abstractos». Para Jorge Rábago, director del departamento de telegenia del Partido Popular, «una cosa es el formato genérico, y otra su resultado, que fue terriblemente largo y aburrido. Hubo desconexión. Los ciudadanos y Zapatero se movieron en esferas completamente diferentes. Esto se percibió en algunas alusiones muy directas a que no se les contestaba lo que preguntaban, e incluso en las caras que ponían». «Sus asesores se equivocaron en la preparación -opina-, porque hicieron hincapié en el contenido y parecía que el presidente estaba en una sesión parlamentaria más».

Así, expone que «en este programa era más importante lo iconográfico que lo cognitivo. Hubo detalles curiosos, como que Zapatero se «resguardara» entre la silla y el atril, lo que denotó cierta incomodidad. Sólo cuando había pasado bastante tiempo logró romper parcialmente esa rigidez». Igualmente, diagnostica que «Zapatero abusó de las respuestas largas y tediosas, se creyó que estaba en un examen y había preparado guiños para cada comunidad autónoma, pero no bajó a la arena. Precisamente por ese exceso de preparación, desapareció su baza de las maneras sensibles y amables. Se excedió también con la sonrisa de «joker», y los tiros de cámara desde arriba le hicieron parecer algo encorvado».

Hace notar, por último, que el presidente fue en buena medida responsable de que no se estableciera un diálogo ágil: «Cuando terminaba de contestar, buscaba la mirada de Lorenzo Milá, como vía de escape. Así abortaba las réplicas, aunque quizá fuera algo más instintivo que premeditado».

Un balance mucho más satisfactorio ve Luis Salvador, senador socialista que ha ejercido como asesor de imagen de muchos candidatos del PSOE: «Me encantó. Fue un diálogo sin intermediarios, muy directo, entre el presidente y los ciudadanos, en el que, por poner alguna pequeña pega, quizá fue excesivo el número de personas convocadas. Habría sido mejor reducir la muestra a la mitad, a cincuenta, como demuestra la cantidad de preguntas, cuarenta y tantas, que Zapatero pudo contestar». «En todo caso -añade- la gente tuvo la ocasión de comprobar la preparación de quien gestiona sus intereses y se dio cuenta de que es igualmente capaz de contestar a 42 preguntas que a 182». Estima Salvador que el jefe del Ejecutivo «se adaptó muy bien al formato y estuvo muy suelto. Salió absolutamente reforzado. En cuanto a la solemnidad, él es el presidente del Gobierno y ha de dar esa imagen. Si no, le acusarían de frívolo, de tomárselo con poco interés». «La pena -dice- es que al final son los medios los que marcan la agenda y elevan la anécdota a categoría. Yo, que soy de los que cojo el metro, a lo mejor tampoco sé lo que me cuesta la ensaimada del desayuno».

«Realización intimidatoria»
Marcos Magaña, socio-director de la asesoría No Line Worldwide, piensa que «falló la realización, demasiado apabullante e intimidatoria para el presidente. Parecía el concurso «Cien contra uno» y no permitía la cercanía». Por eso echó en falta «a un Zapatero más relajado y más espontáneo. Se le vio demasiado político, plano y defensivo». Incluso en la indumentaria vio «excesivamente serio y formal el traje oscuro». Un desperdicio, comenta, «porque de estos programas se puede obtener un rendimiento muy bueno. Pero, en este caso, a Zapatero no le ha beneficiado mucho. No supo gestionar el tiempo. Si hubiera dedicado treinta segundos a cada respuesta todos nos habríamos divertido mucho más».

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